De cuando te echas novio por navidad para que tu familia tenga algo que comentar en la cena de nochevieja

La planificación nunca ha sido tu fuerte. Eres especialista en llegar tarde a todas partes (inventaste la del whatsapp de “Llevo 15 minutos esperando a un taxi” cuando aún no te has empezado a maquillar, y tu concepto del tiempo y del espacio es distinto al de los demás mortales) así que no era de extrañar que se te ocurriese echarte novio justo antes de navidad para que puedas ser adecuadamente interrogada por todos y cada uno de tus 32 primos, 14 tíos y el hijo del apuntador que pasaba por ahi.

Después de haberte pasado un par de añitos al más puro estilo de cabra loca (no te has dejado una copa sin beber, una juerga sin correr, ni un tío sin marcar), de pasarte por el arco del triunfo lo que la gente pueda pensar q esta bien, mal o regular y de gritar a los cuatro vientos q haces lo q te sale del níspero, de pronto vas y la lías.

Te pillas por un chico normal (de esos sin antecedentes penales, con estudios, trabajo y capacidad de conjugar tiempos verbales) y de pronto te ves paseando por el retiro (tú, que no sabes ni escribir la palabra “parque”), haciendo planes de día completamente sobria y en público. Que no conseguías recordar cuándo fue la última vez que has salido a la calle con sol para hacer algo que no sea trabajar.

Tú, que hasta hace nada eras colega de los puertas de los afters de medio Madrid. Tú que creías que eras físicamente incapaz de retener detalles de la vida de los niños perdidos que te encontrabas por la noche. Tú, que estuviste a punto de tatuarte “y ahora si no te importa, te vas” para ahorrarte hasta tener que articular la frase.

Pues has caído como un conejo, querida.

Tras el desconcierto inicial y la angustia existencial de no recordar como se comporta una en las citas (has pasado un revival precioso de cuando tenias 15 años y llamabas a la mitad de tu agenda para consensuar el modelito que te ibas a poner) te empiezas a acostumbrar y un día por la mañana te despiertas y estas encantada.

Y como eres lerda y no filtras, en un momento de enajenación mental motivado por todos los unicornios, corazones y arcoiris q tienes en la cabeza, vas y se lo cascas a tu madre y a tu hermana. Ole. Ole. OLE.

Esas buenas mujeres, que ya te veían viviendo sola con 46 gatos y dándole conversación a los electrodomésticos de la cocina, no se lo pueden ni creer y te hacen el lío para que se lo presentes (claramente para ver con sus propios ojos que el chico con el que sales es normal, ya que ambas dos conocen tus antecedentes sentimentales y tu nulo criterio a la hora de elegir pareja).

Total, que pasais la prueba de la cena-presentación y llega el momento de tener que compartirlo con el resto de la familia, que también te veía compartiendo tu futuro con una pecera de pirañas. Eso sí, en vísperas de navidad con todos los eventos familiares que ello supone. Así, sin anestesia ni nada.

Porque claro, tú no te podías poner a salir con nadie en febrero, cuando faltan miles de meses antes de tener que que reencontrarte con tu familia. Tú tenías que dar el titular justo antes de navidad, como si fueras la Pantoja en Salvame Deluxe. Tócate los huevos mariloli.

Pues nada, corazón, cómprate un vestido bonito, saca a pasear ese pelazo que tienes e intenta salir de ahi con vida. Que a fin de cuentas, serán cuatro preguntillas de nada. Que la gente solo se alegra de que te estén saliendo las cosas bien y se interesan por ti. Que le buscas problemas a todo, mi querida reina del drama.