De cuando tu hermana pequeña se casa (y a ti te pregunta por qué no tienes novio hasta la panadera!)

Llevas ya varios meses reconciliándote con el hecho de que te estas haciendo un adulto responsable (más o menos) y que tienes que tomarte las cosas con madurez y sentido común. Has empezado a levantarte por las mañanas media hora antes para hacer pesas y sentadillas (que fácil es que se te caiga el culo y qué difícil es volverlo a poner en su sitio…) Haces la compra en plan saludable y cuando sales estas yendo sin beber o con un número de copas que la comunidad médica no considera intento de suicidio por intoxicación.

En paralelo, tu hermana pequeña, esa niña feliz y entusiasta que feliz y entusiásticamente te arrastró al gimnasio, ha seguido con su vida, su trabajo y su novio. Tan bien ha seguido que hace cosa de un par de meses anunció que se casaba, con anillo con pedrusco (cariñosamente llamado little rock), cena especial y un montón de cosas que preparar incluidas en el pack.

Y a ti cómo te sentó la noticia? Pues sorprendentemente bien, sobre todo porque lo veías venir desde hacía ya meses, el chaval es majete y tu hermana esta feliz. Y además si hay algo que te gusta a ti es el rollo bodas, vestidos de novia y cosas de esas (pero para los demás) así que estas más que encantada de ayudarla con los preparativos, mirar vestidos y lo que sea menester.

Y encantada estabas hasta estas vacaciones. Como todos los años, vuelves a ese pueblin de Burgos en el que veranean tu familia y tus amigos desde el principio de los tiempos. Típico pueblo en el que todo el mundo se conoce, y la de la carnicería te da recuerdos para tu madre, tu padre, tus 9 tíos y tus 32 primos haciendo referencia a sus nombres, estudios, curso, estado civil y cambios estilísticos de los últimos 3 años.

Y claro, pasó lo que tenía que pasar. Vas a comprar el pan y ves que la panadera te da el cambio y… la enhorabuena! Sonrisa desconcertada por tu parte en plan wtf, y la buena señora, que debe pensar que tienes algún tipo de retraso, te dice “Si mujer, que te casas el año que viene!!”. Tu sonrisa crece mientras desmientes la noticia diciendo que la que se casa es tu hermana. Sonrisa desconcertada de la panadera que te dice “pero bueno, si ella es más pequeña que tú… cómo es que se casa ella antes?? que tú debes andar ya por los treinta, no??” En este punto tu sonrisa es tan grande que se te juntan las comisuras de los labios por detrás de la cabeza.

“Buenoooo” contestas con un hilillo de voz “Ya ves… Pero mi hermana está encantada” La panadera sigue implacable (esa mujer podría trabajar perfectamente en la CIA) e ignorando tu tímido amago de cambiar de tema, te suelta “Bueno, pero novio al menos tendrás, no?”

Reina el silencio y pasa una bola de paja del oeste rodando por el mostrador, mientras tú, protegida por tu chapata y tu empanada de bonito como si de una escudo se tratara, amplias la sonrisa de una manera tal que más que dientes parece que tienes teclas de piano. Como ves que la señora te sigue mirando fijamente (igual que el resto de la gente de la panadería y las tiendas colindantes) mientras espera una respuesta, respiras hondo, levantas la cabeza y dices “Pues no, novio tampoco”.

Has visto menos revuelo en Sálvame Deluxe tras soltar una exclusiva que lo que organizas en la panadería cuando dices eso. Y la panadera, poseída por el espíritu de María Patiño te dice “Anda y eso?” Barajas entonces las siguientes opciones: A) Decirle a la señora que te acabas de meter en una secta basada en la antigua Mesopotamia y que tienes que permanecer célibe hasta alcanzar el tercer nivel de iluminación. B) Sentarte con esa buena mujer en el mostrador, tomaros un copazo y abrirle tu corazón para explicarle por qué a 3 semanas de los 30 sigues estando single (and proud of it!) y C) seguir sonriendo y soltar algún topicazo en plan jiji jaja-por-favor-dejame-ya-irme-a-casa-con-mi-pan-y-mi-empanada.

Eliges la tercera opción (obviamente) y te marchas corriendo a tu casa para evitar tener que hacer más declaraciones. A lo largo de tus tres semanas de vacaciones, esta misma conversación se produce con ligeras variantes no menos de 20 veces en diferentes escenarios (en la frutería, en la pescadería, con la tía de un amigo de tu hermano que te cruzaste paseando al perro por la calle…) Y tú que estabas perfectamente tranquila y relajada con la boda de tu hermana te empiezas a rayar con todos esos por qués ajenos dando vueltas en tu cabeza.

Y te rayas. Y bebes. Y bebes Y te rayas. Hasta que te levantas un día por la mañana y te das cuenta de que todas esas preguntas no son tuyas, te las están metiendo en la cabeza (concretamente por las orejas) Que tú eres muy tuya y no te vale cualquiera, porque tu línea de pensamiento no es precisamente convencional. Que te va lo diferente y estás encantada. Y que no tienes que darle explicaciones a la gente, que bastante tienes con rendirte cuentas a ti misma. Señores, va por ustedes.