Cambiar de curro es como dejar a tu novio (pero mejor)

Has decidido que te vuelves a cambiar de curro. Porque tú lo vales L’oreal. Te ha salido una oportunidad estupenda, y como en el mundo laboral nadie se casa con nadie, los amigos son amigos hasta que dejan de serlo y todas esas cosas, has aceptado la oferta y tan contenta que estas.

Peeeeero qué es lo que pasa ahora?? Pues que se lo tienes que contar a tu jefe. Sí, ese buen señor que hace ya tiempo que cumplió el siglo (se dice, se cuenta, se comenta que sabe tanto de derecho romano porque vivió la época del imperio y era coleguita del fulano que escribió el digesto, que para los jóvenes y gente que tuvo la fortuna de estudiar cosas no relacionadas con el derecho, aclararemos que es una compilación de jurisprudencia del siglo V o por ahí. Y después de esto prometemos no escribir nunca más de cosas culturales que sabemos que no es el momento ni el lugar.)

Back to the story. Pues eso, que se lo tienes que decir a tu jefe. Entras en la oficina muy valiente, pero cuando llegas a la puerta de su despacho y levantas la mano para llamar, se te congela el puño en el aire en plan manifestante y te empiezas a plantear cosas… “Y si me grita?? Y si me insulta??? Y si me pega con el memento de IVA que le gusta muchísimo, siempre anda por su mesa y tiene como mil y pico páginas???”

Así que te vuelves cual rata rastrera a tu despacho y empiezas a planear cómo se lo vas a decir. E inevitablemente, te trae recuerdos de cuando dejaste a tu ex, hace ya meses (que casi parecen miles de años, maldito 2013, lo que has cundido!) y tooodas las vueltas que le diste antes de tomar la decisión y soltarselo.Lo que te preparaste el discurso y lo acojonada que estabas por ver lo que te iba a contestar. Y esa vocecita puñetera que no para de susurrar “la estaré liando petarda acabando con esto ahora? Me daré un bofetón como un pan de pueblo?? Debería quedarme, que a fin de cuentas no estamos tan mal…??”

Pero no, tú eres de Bilbao (y si no, como si lo fueras). Y si algo te sobra a ti son ovarios para hacer ese tipo de cosas, así que deja de plantearte futuribles en los que tu jefe te agrede con una maceta de gardenias por decir que te vas, y hazlo.

Tranquila tonta, que te ayudamos.

  • Paso uno: Te acercas al despacho de tu jefe como quien no quiere la cosa. Evidentemente tienes que buscar un buen momento para darle el notición. (Igual que cuando dejaste a tu novio) Los viernes son mala idea, que le fastidias el finde y además le das mucho tiempo libre para pensar maldades. Así que casi mejor el lunes. Eso. Del lunes no pasa.
  • Paso dos: El lunes te vuelves a acercar al despacho después de haberte aprendido de memoria el discursito de marras de “no eres tú, soy yo, necesito otra cosa, esto no esta funcionando, pero esta experiencia ha sido genial, espero que sigamos teniendo contacto en el futuro” (a qué te recuerda esto morena??) Peeeero no está tu jefe en su despacho. Vuelves a tu mesa. Esperas a que las secretarias te confirmen que ha vuelto al despacho. Le llamas. Te ignora. Le vuelves a llamar. Vuelve a pasar de ti. Optas por mandarle un mail rollo “tenemos que hablar”. En 3,6 segundos se te aparece en el despacho como la Virgen de Lourdes (por supuesto sin pararse a pensar si es buen momento, o si es adecuado que le des la noticia en tu despacho que casualmente esta en medio del staff, de manera que tooooda la planta se va a enterar a tiempo real de que te piras.)

  • Paso tres: LA CONVERSACIÓN. Tragas saliva, respiras hondo, le miras a la cara y le sueltas el discursin. Te lo sabes perfectamente porque lo has practicado en tu cabeza mil veces y se lo has contado punto por punto a tu hermana, a todos tus amigos y a tus bolsos. Una vez soltado el bombazo esperas a ver la reacción. Igual que cuando dejaste a tu ex-novio, se queda boqueando como un pez mientras ves como lo intenta asimilar. La diferencia es que no tienes muy claro si tu jefe boquea porque le esta dando una apoplejía. Dice con voz estrangulada si te vas por el dinero (que es como preguntar si hay alguien más) le dices que no, que es por el proyecto y que no puede hacer nada por retenerte. Te pone cara de borrego degollado y te suelta el “y si te planteamos una contraoferta” que es el equivalente al “te juro que puedo cambiar” del ex. Dices que no, que lo sientes mucho y con deseos de suerte y prosperidad, termina la conversación.

  • Paso cuatro: Abre la puerta de tu despacho y sale. A estas alturas de la vida tres cuartas partes del personal de tu oficina “casualmente” esta paseando pasillo arriba pasillo abajo. Te tiemblan las piernas, los pies y las manos, pero ya está, ya lo has hecho. Así que puedes llamar a tus amigos para contarles que ya es oficial. Unido a la comunicación oficial a tus colegas sabes que ahora toca la actualización en redes sociales, lo que en este contexto equivale a modificar tu linkedin (como cuando eliminaste lo del “in a relationship” de facebook. Que también guapa, quién te manda ponerlo. Vale que te envió la invitación él, pero tú ya tienes una edad para saber esas cosas!!)
  • Paso cinco: cotilleos y cierre de ciclo. Es inevitable que durante los próximos días, vuestro circulo de amigos comunes (o lo que viene a ser en este contexto todos tus compañeros de la ofi) esten dándole vueltas a qué habrá podido pasar. Típicos comentarios rollo “pues yo no la veía muy contenta”, “será que no le han subido mucho”, “pues no se, si se va por algo será” te van a perseguir desde la fotocopiadora hasta el archivo, y de ahi de vuelta hasta tu despacho hasta que te vayas, que es igual a cuando después de dejarlo sus colegas te escribían por facebook para ver “que tal todo”. Tiempo después de que te hayas ido, seguirán dándole vueltas a ese tipo de cosas, pero como tú ya no estarás ahi, pues te dará igual.

  • Paso sexto: El vacío. Ya te has tirado de lleno a tu nuevo destino, no te has incorporado aún y ya los tienes de corbata porque no sabes qué te espera ahí fuera. Alternas gozo supremo porque te vas, inquietud porque no sabes si es mejor malo conocido, y la tranquilidad personal que te da el pensar, “este marronazo que acaba de entrar ya no es problema mio”. En cualquier caso, dejar el curro tiene como gran ventaja sobre dejar a tu novio que en este tipo de ruptura, hay una transferencia de dinero que acaba en tu bolsillo (cosa que normalmente cuando estamos hablando de relaciones personales sin contrato mediante no pasa) así que puedes intentar calmar esa ansiedad comprándote unos zapatos.

Estate tranquila, todo va a ir bien. Igual que estabas aterrada cuando volviste de lleno al mundo de la soltería y luego has encontrado tu sitio en el universo, seguro que en menos de lo que piensas ya estas integrada en el nuevo sitio. A fin de cuentas la cosa va de adaptarse o morir, y ya hemos dejado claro que tú aun eres muy joven y tienes toda la vida por delante. Así que aprovecha.