Si es que a ti te va la marcha bonita… (así que luego no te quejes!)

Al parecer el día que repartieron el sentido común, tú llegaste tarde al evento. Y a pesar de que vives en una continua lucha contra tu propia naturaleza para hacer cosas sensatas como el resto de las personas, siempre te sale fatal, mi pobrecita alma de cántaro…

Repasando un listado de tus últimos novios/pilles/amiguetes con más o menos derecho a roce que te han hecho gracia (definamos “hacer gracia” como pensar que si el fulano en cuestión te llama, no te importaría volver a quedar con él), te has dado cuenta de que todos y cada uno de ellos caerían en la categoría de lo que tus amigos llaman “originales”, tus colegas llaman “personajes” y tu madre llama “ay-por-el-amor-de-Dios…” mientras se lleva la mano al esternón para sujetarse las perlas psicológicas y enarca las cejas.

Sí, hablamos de gente con “profesiones no convecionales” rollo músicos con más o menos pinta de estar perseguidos por la justicia, un surfista californiano que colaboraba con Green Peace (no sabes cómo te lo ligaste, tú que los animales o te los comes o te los pones) y que estaba de paso por España para ir a censar nutrias (???), un mago profesional de verdad, un geólogo conductor de ambulancias metido a barman, o un piloto de helicóptero con más tatuajes que arena hay en la playa, así por poner algún ejemplo.

Una de esas amigas tuyas casables, a base de mucho insistir, te convenció de que la razón por lo que la mayor parte de tus relaciones no son precisamente largas, exceptuando claro esta ese ex-novio al que dejaste justo cuando comenzamos a escribir este blog, es que at the end of the day, no tienes nada en común con esa gente tan “entretenida” con la que te encanta salir.  Cierto es que normalmente es precisamente esa falta de puntos de conexión lo que hace que transcurrido un cierto tiempo (a veces 4 horas, a veces 2 meses) dejas de cogerles las llamadas, por lo que te empezaste a plantear si verdaderamente deberías empezar a buscar otro tipo de perfiles para el jaleo. Haciendo caso a la lógica y al sentido común, tu amiga casable tenía razón…no?

Por ello, decidiste darle una oportunidad a fulanos con profesiones de despacho (aburiiiiiidas, igualicas que la tuya) que habían estudiado en sitios parecidos a los tuyos, y que podrías presentar a tu abuela sin matarla de un infarto. Vamos, los chicos que según tu amiga “te deberían gustar porque se parecen más a tí”. Por esas fechas conociste a un fulano de esos que se dedican a fusionar y a adquirir (inserte aquí emoticonos varios de flamencas dando palmas pero en modo irónico) de los que juegan a padel y cosas de esas. Esa carta de presentación te habría hecho correr despavorida en dirección contraria, pero haciendo caso a tu amiga casable y no a tu infalible instinto de persona desquiciada, decidiste darle tu teléfono para “quedar otro día” porque bueno, el chaval parecía majete.

Salisteis un par de veces (típicos planes de cañas y ver monólogos) hasta que llegó el momento de “te-invito-a-cenar-a-casa-que-te-hago-la-cena-oh-nena-te-deslumbro-con-mis-dotes-de-chef-y-luego-vemos-una-peli”, y ahí que te fuiste a ver qué tal se daba el asunto.

Nada hacía presagiar el desastre…

Llegas a su casa (que por cierto estaba donde Jesucristo perdió la chancleta) y te encuentras con que a) la casa huele raro; y b) la tiene llena de gatos. Pero no vivos, estamos hablando de cuadros con gatos dibujados, gatos de porcelana repartidos por la casa, gatos de peluche por la habitación… en plan maníaco homicida de los que salen en Mentes Criminales. Con lo normal que parecía el tío, tocate los ovarios. Durante el tour de rigor por la casa no para de hablar de su super-chachi-piruli-campeonato-de-pádel (deporte que no practicas), de su coche (los coches te resultan igual de apasionantes que ver crecer la hierba) y de su estresante curro que tú por supuesto no puedes llegar a comprender porque solo eres “osea-una-niña” (como si tú te quedaras en casa bordando flores en un mantelito esperando a tu príncipe azul). Por supuesto no te deja hablar, no vaya a ser que intervengas en la conversación.

A estas alturas de la película, ya has perdido prácticamente todo el interés y si no fuera porque esta medio bueno, y ya total estas ahí y te apetece cenar, te habrías marchado por la puerta y tan contentos. Llega el momento de la cena, y te descojonas por dentro cuando ves que la “comida que te iba a preparar”, se limita a una fucking pizza del telepi. Que además esta fría. Y cuyos ingredientes no te ha preguntado. Y para beber cerveza caliente. Y para más inri sin platos.

A ver, que el plan de pizzi y yonkilata puede ser muy divertido, pero no pega nada en absoluto con una date con un fulano que teóricamente te quiere impresionar. Durante la cena, tienes oportunidad de ver que pese a compartir un background común y una trayectoria profesional parecida, no tenéis nada que ver y además te estas aburriendo como hacía tiempo que no lo hacías, por lo que te acuerdas de tu amiga casable y de la madre que la trajo, por haberte metido ideas raras en la cabeza.

Acaba la cena y llega el momento peli. No te sorprende que todas y cada una de las peliculas que te propone te espantan y a él le horrorizan las tuyas, llegando al punto intermedio cuando decidis ver una de miedo en la que la prota era Mischa Barton cuando estaba gordilgada (dícese de cuando estaba muy flaca de cintura para arriba y le salió un pandero como un baúl).

Y digo yo, de toda la vida lo de “vamos a ver una peli” ha sido la excusa para quedar a hacer algo sin que sea necesario hablar mucho, y que además suele ser un bonito eufemismo para que haya un poco de jaleo, pero en plan civilizado…

Oye pues no. Os veis la peli enterita. Y después de eso toca otra peli “que era pronto todavía”. Cuando esta terminando la segunda pelicula y estas a punto de darle una patada en la cabeza por la tomadura de pelo, al otro le da por empezar a hacer acercamientos pero en plan grimoso. Y tú, que andas ya con un cabreo del quince que no te apetecía ni compartir aire con él y ya no digamos fluidos, te pasas los últimos 20 minutos haciéndole unas cobras que podrían salir en el national geographic. Acaba la peli, te levantas del sofá y dices que te vas a casa, momento en el que el fulano va y te dice “verás, es un barrio un poco peligroso, lo mismo es más seguro para tí que te quedes a dormir aquí…”

Fenomenal, ahora resulta que esa inocente zona de al lado de la Castellana es el nuevo callejón de los homicidios y las violaciones. Qué reconfortante. Dices que no, que te tienes que ir, y el otro vuelve con la peligrosidad de la calle y sus horribles consecuencias de muerte y destrucción. Vamos que el Bronx al lado de eso es Disney. Y venga y dale con que te quedes a dormir. Lamentablemente para él, a esas alturas de la película no es que tengas los ovarios inflados, es que como siga hablando le vas a meter un bolsazo en toda la cara y le dices que te vas. Ahí el otro te suelta “bueno, pero un besito de buenas noches me darás al menos, no?”

“Sí hombre” contestas “que me estás diciendo que hay una horda de enfermos esperando a matarme en la puerta de tu casa y no me acompañas a por un taxi, tú con dos besos en la mejilla vas que navegas”. Pillas el abrigo y el bolso y te vas dejándole ahí con cara de palo. Te catapultas a un taxi y te vas a tu casa, mientras piensas en tus músicos, tus escritores y tus gentes raras con los que te lo pasas mucho mejor y que te dan tan buen resultado. Que en realidad la gente que se supone que tiene contigo más puntos en común, no tiene por qué tenerlos. Y es que a tí, morena, te va la marcha.

  • Carmen

    AYYYY!!!!SIN PALABRAS!!!! =)=)=)