Sexo o abrazos: qué quieren las mujeres?

Llevas toda la vida berreando por activa, pasiva y perifrástica que las mujeres somos super fáciles de entender y que el problema es de los hombres que son así como simplitos (desde aquí un beso a todos los chicos que nos leen :*) y no se esfuerzan en comprender lo que queremos. Pero claro, el problema real está en que a veces ellos no saben lo que quieres, básicamente porque tú tampoco.

Sin ir más lejos, la semana pasada te contó una gran amiga tuya totalmente escandalizada el desarrollo espantihorrendo de una date (no era cita del todo, pero bueno, es por poner algo) que había tenido con un chico el fin de semana anterior. Resulta que el fulano en cuestión, típico amigo del amigo de no-se-quién, compartió con ella conversación, copas y un poquillo de lerele una noche lejana de verano, rollo oh que bonito es todo, que alegría, que alboroto. Como tu amiga tiene un control sobre la tecnología infinitamente superior al tuyo (o es que tengo que recordarte la que liaste la semana pasada cuando tu iphone decidió ponerse a llamar a tu “amiguete”?? Serás lerda…) ella sí que supo mantener el contacto en plan ajiji ajojo, de tal forma que sabía que él iba a estar ahí para dar una segunda vuelta en el tren de la bruja si la situación se terciaba.

Total, que el fin de semana de marras, tu amiga tiró de chorbagenda y le mandó el típico mensaje de “salgo por no-se-donde, si eso nos vemos”, mensaje que él contestó raudo y veloz. Mensaje al que siguió una secuencia increiblemente larga de geolocalizaciones por ambas partes que no reproducimos aqui por lo coñazo que resultaría.  Hasta que llegaron al momento cumbre en el que la línea de los mensajes pasa de ser “estamos en XXX y en media hora dicen de ir a YYY”, a “uy estoy cansada, me voy A CASA (guiño guiño codazo carita sonriente)”.

El fulano, que no es tonto, contestó una de “genial, voy para allá y nos tomamos la última en tu casa”. Al ver este mensaje, tu amiga, que ya había llegado a su casa, entró en un bucle maniaco-homicida-depilatorio mientras esperaba la visita, ya que evidentemente de acuerdo con los acontecimientos previos, el mensajeo ajiji ajojo (mensajes que viste con tus propios ojos y cuyo componente ajijojesco corroboras) y las normas básicas de etiqueta de chorbagenda, esa noche tocaba jaleo.

Aparece el muchacho cuando ella estaba justo terminando la sesión nocturna de chapa y pintura. Se toman un vino tranquilamente (las normas de etiqueta del pille casual dictan que no hay que avalanzarse directamente sobre el sujeto como si se fuera una hiena lanzándose contra el cadáver de un ñu) y se ponen a hablar de la vida, la muerte y las caléndulas… hasta que dan las 10 de la mañana. Y sí, exclusivamente hablando. Que vale, muy instructivo, muy edificante y muy estupendo todo, pero aquí se viene a hacer los deberes, no a pasar el rato. Es como si uno va a un restaurante, reserva mesa, y se queda ahí sentado conversando con los camareros. Es como raro. Cuando vas a un restaurante, se espera que comas. Mucho o poco, pero algo comes, por dios. Y si en realidad no tienes hambre, o si cuando llegas ves que no te gusta el menú, pues agradeces la atención, te levantas y te vas. No te quedas ahí 5 horas viendo la vida pasar.

“10 de la mañana??” preguntas con asombro. “LAS JODIDAS DIEZ DE LA MAÑANA” contesta tu amiga con mucho odio interior. “y qué pasó, qué pasó?” preguntas con intriga…

Pues que ella anunció que se iba a dormir, el fulano preguntó que si se podía quedar, ella dijo que sí, y se fueron a la cama… a dormir. Abrazaditos. En plan osos amorosos. “Ay que cuquin” comentas. “Pero qué coño cuquín” te dice tu amiga “que me tuvo hablando hasta las 10 de la mañana para que luego no pasara absolutamente nada”.

“Ni un besito de buenas noches??” preguntas temerosa “Tía, que no me tocó ni con un puntero laser!!!” contesta tu amiga con una mezcla de angustia, ganas de matar e incredulidad. “Pero cómo que nada de nada??” “PUES QUE NADA DE NADA! QUÉ PARTE DEL NADA NO ENTIENDES??” termina berreando.

Aquí ya ante la furia incontrolable de tu amiga, optas por meterte detras del sofá mientras le lanzas ferrero rochers para amansarla al grito de “chsss, ya pasóo, ya pasooó”. Como ella es muy brava, le pidió explicaciones al fulano, que le contestó que como ella le gustaba mucho, quería tomárselo con calma, conocerse y demás. Ella dijo que muy bien y nunca jamás le volvió a coger el teléfono, porque un pille es un pille y ella no quiere meterse ahora en una relación.

Os ponéis a hablar de zapatos para tranquilizaros y el tema queda en el olvido. Pasadas unas cuantas horas, recibe tu amiga el típico mensaje de “hey donde andas” de un mengano distinto. Al verlo monta en cólera al grito de “paso de este tío que sólo me escribe por la noche cuando va medio pedo, qué se cree”. Y tú muy solidarizada con la causa lo aderezas con mucho “buah, que fuerte, pero de qué va. Nada, tu pasa tía”.

Hasta que al día siguiente te da por pensar. A ver. Si te llaman para hablar y dormir castamente, mal. Y dadas las circunstancias, estás de acuerdo con su cabreo. Si te llaman para jugar a los médicos, mal también. Y dadas las circunstancias, estás de acuerdo también con el cabreo. Y dado que son las mismas circunstancias en ambas ocasiones, por qué en uno de los casos es horrible y espantoso que quiera hablar y eso, y en el otro es espantoso y horrible que no quiera? Lo que nos lleva al principio de este post. Qué quieren las mujeres, sexo o abrazos?? Pues las dos cosas!!!! O ninguna… Pero no siempre… A ver, es que todo depende…

A tomar por saco, ponte un vodka. Y a mi otro, ya que estás. Feliz puente!!