Cuando tu vida es un híbrido entre un drama por entregas y una comedia de situación

Últimamente tus amigos con vidas normales (sí, esos que tienen pareja seria y a los que incluso les ha dado por reproducirse) esperan ansiosos a que lleguen los lunes para llamarte y preguntarte qué has hecho durante el fin de semana. Pero no lo hacen en plan amigo-que-se-interesa-por-tu-vida. Lo hacen con la misma emoción con la que tú esperabas el siguiente capítulo de “Quien quiere casarse con mi hijo” (vivan los programas culturales!) así como con brillo maligno en la mirada para que les cuentes la que has liado (porque sí, hija sí, alguna habrás liado).

Sin ir más lejos el finde pasado hiciste una quedada de chicas para arreglar los problemas del mundo a golpe de chupito. Y copa por aquí, copa por allá y de pronto eran las 3 y seguíais de copas en casa de tu amiga, por lo que os entró el agobio de “ay-que-se-acaba-la-noche” y os lanzasteis al primer garito abierto que localizasteis, cuyo nombre no vamos a mencionar aquí porque no nos patrocina (aunque estamos abiertas a ofertas, guiño guiño codazo levantamiento de ceja). No sabes exactamente por qué, pero esa noche te tocó hacer de la sobria del grupo, lo cual en realidad tampoco era tan difícil viendo los problemas de expresión oral de tus amigas a esas horas.

Total, que tras un ratito de estar por ahí mariposeando, putivuelta incluida (nota para los no iniciados-> Putivuelta: dícese de aquella vuelta a la discoteca/bar/análogos que dan  las chicas solteras nada más entrar en cualquier local, normalmente en grupitos de 3, con objeto de identificar posibles especímenes interesantes/atractivos/funcionales/al menos que no den grimilla, con los que entablar conversación o procesos de ligoteos varios.) se te acerca un fulano a hablar (que Oh! emoción es más alto que tú) y además es más majo que las pesetas. Y está como bueno y todo. Te empieza a vender nosequé moto de que es músico o algo así, que por cierto, tú muy gustosamente le compras y empiezas a mirar el reloj con disimulo pensando “pero vamos a ver, qué estás haciendo que no me estás pidiendo el teléfono. Que se está haciendo tarde y no sobran minutos aquí”.

Al cabo de un rato de mucho sonreír, mucho meter tripa y mucho fingir que eres simpática y encantadora, al final el muchacho se arranca, os dais los teléfonos y ya puestos pues os despedís de vuestros amigos y os vais del bar a otro sitio a hablar y esas cosas.

Total, que un par de horas después, ya decides que te vas a tu casa, básicamente porque se está haciendo de día y eres vagamente consciente de que puede que quizás tengas lápiz de ojos hasta en la barbilla, y esa es una imagen que sólo puede soportar sin asustarse la gente a la que conoces por lo menos desde hace 5 años. En el taxi de vuelta a tu casa, muy simpáticamente el fulano te fríe a whatsapps (en plan “ajaja, que ideal que soy que te escribo y todo para que te quedes contenta”) que tú, como eres igual de romántica que un cazo, simplemente tomas por una confirmación de que puedes agregar un nuevo contacto en tu chorbagenda.

Hasta ahí todo estupendo. Hasta que llega el domingo. Ahhh domingo, aciago día para la humanidad en general y para ti en particular. Y como cada domingo después de un finde intenso de salir, toca hacer limpieza de las conversaciones de whatsapp del fin de semana. Principalmente porque la mitad de ellas son grupos inconexos de consonantes o palabras que el autocorrector ha decidido poner ahí a las 4 de la mañana, además de los típicos mil mensajillos de “donde estais?”, “hay que pillar hielo?”, “Hola Mengana, ponme en listas de no-se-que-discoteca-divina-que-como-tampoco-nos-patrocina-no-vamos-a-mencionar. Seremos Fulanita+23″.

Evidentemente al hacer el repaso de whatsapps te encuentras el del fulano este. Y desgraciadamente, como el control de la tecnología móvil no se encuentra entre ninguna de tus (muchas) virtudes, en vez de borrarlo, le das a no se sabe que tipo de secuencia de botones y tu móvil cambia de pantalla, sale del whatsapp por su propia cuenta y riesgo y oyes un siniestro “piiiiiiiii”. MADRE DEL AMOR HERMOSO QUE LE ESTÁS LLAMANDO. Te pones a gritarle al teléfono “noo nooo, cuélgate” como si el estúpido cacharro funcionara por voz. Lo consigues colgar a base de darle golpes contra el suelo  sin saber si el tio lo ha llegado a contestar y te quedas mirándolo con odio y rencor. Estúpido iphone, con la de fundas que le has comprado, cómo puede ser que te lo pague así, llamando a la gente a lo loco… Dónde quedó ese taaaan recurrente error de conexión que siempre te sale cuando necesitas pedir un taxi??? De verdad, cría cuervos…

Mientras estás metida en ese intenso soliloquio emocional, ves que el fulano te manda un mensaje. Mensaje que por supuesto no quieres ver. De hecho quieres borrar tu número de su teléfono para que no almacene tu número como “loca histérica”. Lo que acabas de hacer esta en la lista negra de cosas prohibidas del manual del buen player. A la gente de la chorbagenda sólo se la llama por la noche!!! Tendrás mala suerte…  Ahora se va a pensar que te quieres casar con él o algo así y se te acabó el chollo. El chaval te empieza a escribir rollo, “hey justo te iba a escribir” (YA. FIJO) y no ves otra salida que no sea contestar lo siguiente “Te acabo de llamar sin querer, voy a suicidarme un rato de la vergüenza y ya si eso hablamos otro día”. Ante el ataque de descojone por texto que le da al otro, tu decides hacerte un de Carmina Ordoñez y meterte con un copazo de vodka con sprite en la bañera, mientras tachas mentalmente el número del fulano de la chorbagenda. Para tu sorpresa te dice que te llama este finde para tomar algo, en lugar de anunciarte la orden de alejamiento que seguramente está pidiendo, y como aunque no tienes ya dignidad ninguna, sigues llevando perlas, contestas una de “si bueno, ya vamos hablando”.

Sí hija sí, probablemente te hayas fastidiado el pille tú solita. Sí, has insultado a tu teléfono en arameo antiguo y les has hecho vudú a todos los descendientes de Steve Jobs por su responsabilidad indirecta en el evento. Y sí, has experimentado una momentánea vuelta a los 15 años. Pero te vas a rayar por eso, alma de cántaro?? Si te lo estás pasando como un bombero haciendo lo que te salga del mismísimo pie (y a quien no le guste que no mire) piensa que nunca vas a ser más joven ni más tonta, por lo que aprovecha ahora para hacer estupideces. Y viendo lo que te has reído con tus amigas mientras comentabais tu última metedura de pata, si, como dicen, la risa prolonga la vida, a este paso tus amigas y tu vais a terminar siendo inmortales