Al menos hoy es viernes…!

Sabías que se te iba a complicar el día desde que has abierto el ojo esta mañana. Ayer te pusiste el despertador a la hora que no era, en la cocina no queda café ni coca-cola y encima el vestido ese tan mono que te ibas a poner está en el cesto de la plancha (donde muy juiciosamente lo dejaste el miércoles cuando decidiste que no te daba la gana planchar). Así que te arrojas sobre el cuerpo lo primero vagamente textil que encuentras en el armario (y que resulta no ser un pijama) y te lanzas a la calle como una maníaca.

Llegas a la ofi (tan tarde que si estuvieras en la uni y aquello fuera una clase, no entrabas ni de coña) y jadeando de lo más glamurosamente por la carrerita que te has pegado. Evidentemente, te encuentras a tu jefe en la puerta. Te escondes detrás de una desafortunado arreglo de ficus que hay en recepción para que no te vea. Evidentemente te ve. Ves cómo se pregunta la razón exacta por la que estás agazapada detrás de una maceta. Ves cómo decide que en realidad no quiere saber la respuesta, por lo que hace como que no te ve (sabes que está fingiendo, las posibilidades de que no vea a una mujer semi-adulta detrás de una planta son muy escasitas. ) Haces como que recoges algo del suelo y sales disparada hacia la pecera de cristal que tienes por despacho con la sangre de la cara en estado de ebullición.

Lanzas por ahí el abrigo, te sientas en tu silla para ponerte a trabajar y ves que la pantalla grande a la que tienes conectado el portatil no se enciende (trabajas a dos pantallas porque como tu deseo secreto siempre ha sido crear Matrix, te consuelas moviendo excels de una pantalla a otra, y como una esta de huelga, te queda la pequeñita que no te gusta nada :( ). Mecagüentoloquesemenea. Respira. He dicho que respires. Muy bien, ahora arreglemos esto.

Empiezas a tocar todas las opciones de tu ordenador que conoces para resucitar la pantalla. Al de 10 minutos largos de tocar cosas, pasas a aporrear el teclado para ver si por algún tipo de casualidad se arregla aquello. Al cuarto mensajito de “error fatal que puede ocasionar que colapse el universo” decides cambiar de estrategia y en vez de golpear teclas, te dedicas a enchufar y desenchufar cosas. Todo el mundo sabe que cuando cualquier cacharrito eléctrico se estropea, lo único que hay que hacer es desenchufarlo, soplar en el enchufe y volverlo a enchufar, para que mágicamente aquello funcione. Ni con esas hay suerte, así que optas por pedir refuerzos, de tal manera que al cabo de una media hora larga has conseguido reclutar para tu causa informática perdida a una secretaria, tu compi del despacho de al lado y un becario que por allí pasaba.

Os ponéis a teclear al azar mientras desenchufais y enchufais cosas indiscriminadamente en una coreografía tremendamente peligrosa (con tanto cable para arriba, cable para abajo y soplidito, lo raro es que no os hayais electrocutado ya a estas alturas) hasta que aquello se pone a pitar como si fuera un transbordador espacial, y dejáis de hacer cosas ante el inminente despegue de tu portatil. Sorprendentemente, en lugar de alzar el vuelo e irse tranquilamente por la ventana, que era lo que estabas viendo venir que iba a pasar, tu ordenador se relaja, deja de chillar y se vuelve a conectar obedientemente a la pantalla grande que te estaba llevando por el camino de la amargura.

Ya por fin te puedes poner a trabajar, con tan mala fortuna que cuando no han pasado ni 2 horas, va y suena la alarma de incendios. Alarma de incendios cuya bocina (o como sea que se llame la cosa que pita como si la estuviera matando alguien) se encuentra al parecer en tu despacho. Justo al lado de tu oreja, en el típico punto donde te puede reventar cómodamente el tímpano. Te levantas de golpe con el corazón rebotándote contra el paladar, cuando te dicen que no pasa nada, que es un simulacro. Será un simulacro de incendios pero el infarto agudo que te acaba de dar es real como la vida misma!! Con eso y con todo agarras el abrigo, el bolso y el paquete de tabaco (ya no es que quieras fumar, es que te los quieres comer) y te lanzas escaleras abajo para desalojar aquello cuanto antes y poder volver a subir relativamente pronto.

Los primeros cuatro pisos van estupendos, pero cuando llegas al último tramo de escaleras, ves que todo el mundo se queda parado del susto. Asomas la cabeza y ves que las escaleras no llegan al suelo! A ver, si que llegan, pero son de esas cuyo último tramo está doblado hacia arriba, de forma que tienes que pisarlas para que con tu peso aquello vaya dirigido al suelo. Que muy bien, muy bonito y práctico todo, pero tienes clarinete que tú no vas a ser la primera en subirte en los peldaños a ver si bajan, básicamente porque sabes que te vas a dejar los dientes en el primer escalón, y tus padre no invirtieron ese pastón en ortodoncias para que vayas soltando por ahí los piños como si fueran canicas. Recuerda que eres como una chancleta: muy mona y tal pero no vales para ningún deporte.

demotivational poster SAFETY

Afortunadamente teneis un becario por ahí al que lanzais escaleras abajo a probar aquello sin ningún tipo de remilgo. Esa pobre criatura más que un becario es una cobaya de laboratorio. Consigue llegar al suelo sano y salvo y mantiene la escalera en posición para que podáis bajar los demas. Cuando llegáis al punto de reunión en caso de desalojo, que aproximadamente está donde Cristo perdió el mechero, ya te has fumado todo lo fumable por el agobio que te da todo el tiempo perdido esta mañana, así que en cuanto os dejan volver a la oficina de nuevo sales disparada a ver si te da tiempo a hacer algo.

Y sufres, lloras y curras como si no hubiera mañana (está científicamente comprobado que cuanto menos tiempo tiene uno, más eficiente es) hasta que terminas (casi)todo lo que tenías que hacer y ya empiezas a ver la luz al final del tunel. Con la lengua fuera, pero lo ves. No ha sido tu mejor día, pero tampoco ha sido el peor, y aunque estás reventada, tienes sueño y te quieres ir a casa a dormir en cuanto salgas de la ofi (qué hora será esa?? Aaah misterio misterioso), sabes que no lo harás. Porque es viernes. Y los viernes se sale. Así que hazte un bocata de enatyums, tomate un redbull y tira pa’ la calle. Que los días malos, cuando son viernes son menos malos.