Cosas de modernos: ligar por internet

Ahora que has vuelto al mundo del ligue, has vuelto a comprobar algo que en realidad ya sabías: el mercado está muy mal. Lo que no sabías es que de un tiempo a esta parte, la gente normal en tu misma situación se ha puesto a hacer cosas que hace 10 años salían en el “Diario de Patricia”.

(Nota para los jóvenes y gente intelectual que no ve la tele, el Diario era un talk show de esos a los que iba gente con taras a contar cosas como “me he cambiado de sexo y mis hijos no lo aceptan” o “me he casado por poderes con un granjero de Idaho que conocí en un latinchat”. Buscadlo en youtube que no tiene precio!)

en el diario de patricia - insultan silenciosamente

El fin de semana pasado quedaste con amigos a tomar algo y ver que se cocía en la calle. Algo que podría haber sido un planazo si no fuera por lo siguiente a) sigues con tu ridícula operación post-bikini-pre-polvorón razón por la que no bebes otra cosa que no sea agua o coca-cola zero en ocasiones especiales, y eres dolorosamente consciente de lo que sucede a tu alrededor; y b) acabasteis en la Posada de las Ánimas, que es un lugar espantihorrendo de Madrid donde sueltan a los concursantes de Mujeres, hombre y viceversa y a los de Gran Hermano (o en su defecto candidatos a ambos concursos de cultura general), para que se apareen y surjan nuevas especies.

Después de pasarte 4 horas y media rodeada de cejas geometricamente controvertidas (hay gente que no debería tener acceso a las pinzas de depilar) escotazos ombligueros y cardados imposibles… en hombres, ves claro como el agua que aquello no es tu mercado (y ya no vamos a comentar la dicción y el acento de algunos, que habría hecho falta subtitularlos). Así que te echas un risas e intentas que tus amigos (que van cociditos que da gusto) no se descalabran escaleras abajo.

Al día siguiente, en la reunión de rigor en el Starbucks de turno en la cual se comenta la jugada de la noche anterior, decidís por unanimidad no repetir semejante experiencia a lo national geographic, y cómo no, deriva el tema en un sesudo análisis de la vida, los ligues y la alineación de los planetas.

Una de tus amigas, que hasta el momento ha estado sospechosamente calladita, de pronto dice que tiene algo que confesar. Uyuyuy. A ver qué ha liado esta ahora… La miráis expectantes y entonces lo suelta. Se ha hecho cuenta de meetic! Cooooomooooo??? Pero si no da el perfil en absoluto!!! Pero si tu amiga es normal!!!!

Tus prejuicios y tú siempre habíais asociado la gente con cuentas de esas a dos tipos de perfil: o bien personas, fundamentalmente chicos, que van por ahí pillando con todo lo que se menea y que están abriendo su radio de acción a lo “telepolvo-dígame” (tienes un colega que ha contratado superpoderes en su cuenta de badoo… sea lo que sea eso) o bien peña muy rara a la que le gusta disfrazarse del señor Spock en los días festivos y que se alimenta fundamentalmente de risketos y pepsi y cuya relación con el resto de las personas consiste en una llamada mensual de su madre para verificar que sigue vivo.

Volviendo a tu amiga, la miras con susto y preguntas ojiplática que desde cuando tiene cuenta, si queda con gente y si no le da miedito terminar descuartizada en un contenedor por el pseudoseñor Spock. Y ella, visiblemente liberada (me acabo de dar cuenta de que confesar a tus amigos que estas registrado en estas cosas es el equivalente a salir del armario en los 90) te cuenta que lleva casi un año y que ha conocido gente normal, con la que ha quedado para tomar algo y demás. Y te dice que la gente que se apunta ahí suelen ser chicos normales, que trabajan mucho y tienen poco tiempo libre, y que no todos son una panda de desviados.

Mientras te sigue contando las maravillas místicas de la cosa esa, y otra de tus amigas embargada por la emoción del momento se registra en adoptauntio.es y se pone a mandar mensajes a diestro y siniestro, tú no te acabas de convencer. Será por tu ausencia de resaca, será que hace poco que lo has dejado (bueno poco, ya llevas en el mercado casi 4 meses, morena!) pero la verdad es que no te llama la atención para nada. Más que nada porque tú, que eres geneticamente puñetera, si tuvieras un perfil en una red de esas lo utilizarías básicamente para vacilar, y como cree el ladrón que todos son de su condición, estás emperrada en que o bien el resto de los miembros de dicha red, o también estarán vacilando, o tendrán taras más o menos ocultas que les impiden funcionar adecuadamente en sociedad, o bien están buscando víctimas para su próximo sacrificio al dios de las tormentas.

Y tu amiga venga y dale diciéndote que no, que es gente super normal y super majetes todos y todo super super, y que le expliques cómo sabes que el tío ese que has conocido en un bar (ojito, en la posada no) no es en realidad un asesino psicópata tarado del todo, que quiere hacerse un vestido con tu piel.

Y te dices: “Ya. Si seguro que tiene razón…”. Pero es que buff, tu eres  más clásica. Más de bar. Más de que se alineen los planetas y a ver qué pasa esta noche. Que estas cosas de modernos nunca han sido lo tuyo.