Tanta operación bikini para esto…

Ya está aquí septiembre. Con su depresión postvacacional, su vuelta al cole en el corte inglés de la mano de esa cuadrilla de niños felices y encantados de estrenar estuche (mi opinión personal es que antes de rodar el anuncio les meten LSD a cucharadas en el cola cao, ningún niño nunca jamás de los jamases ha querido volver al cole a no ser que lo esté derribando una manada de dinosaurios. Bueno, salvo Harry Potter. Pero eso es otro rollo.)

Y cuando llegas a Madrid con tu bronceado envidiable, tus pulseras de festival y tus ganas de turrarle la tostada a cualquier pobre persona con la que te cruces para contarle lo bieeeeennnn que te lo has pasado en Tailandia, el colorido de la India, y lo mucho que Nepal es “osea-en-serio-otro-rollo” (juro por dios que a la próxima persona que se obstine en describirme el olor a especias de la India, le meto un incensario por una parte sumamente privada de su anatomía) te preparas para cambiar chancletas por zapatos y minishorts por ropa de joven-abogado-motivado.

Y la alegría te dura 37 segunditos. O lo que es lo mismo, lo mismo que tardas en darte cuenta de que el pantalón ese gris aburriiiiiido que te pusiste para ir a trabajar el último día antes de vacaciones te queda como una morcillica de burgos. Vamos, que casi puedes oir cómo gritan de angustia las costuras del pobre pantalón, cuando te empeñas en introducir tus carnes veraniegas en un espacio concebido para el cuerpo-escombro que se te queda después del “esfuerzo final” que te piden amablemente que hagas en la ofi para “irnos todos de vacaciones con los temas cerrados”. Ya sabes, esa época feliz de luz y color en la que te pasas un par de meses encadenado a la mesa del despacho (lo que está muy bien, porque no comes ni nada, ni te vas de cañas con tus amigos, que las cerves y las tapitas engordan que da gusto) y no te relacionas con gente normal, de esa que tiene vida y tiempo para dormir por las noches. Me consta que suena ligeramente masoquista, pero como dieta no tiene precio.

Exacto, ese aspecto como de persona con tuberculosis a lo Anne Hathaway en Los Miserables. Color de tez verdoso-invernadero included, que hay que ir con el pack completo.

Pues eso. Tanto estar a proteinas desde mayo para no parecer en verano una ballena varada en una playa, y tanto sufrir en el último mes antes de las vacaciones dejando la vida y pedazos de tu alma para que no te suene la estúpida blackberry cuando estas de mojitos en la playa, lo que hace que vivas en un estado perpetuo de angustia vital e inanición estacionaria que contribuye a tu operación bikini, para conseguir un tipín medianamente aceptable que te dura exactamente 4 semanas. Tocate los huevos mariloli.

Así que no solo tienes que lidiar con la depresión postvacacional, los corticoles y los emisarios de satanás que los sacan por la tele, sino que también tienes que ver (con horror) como tu culo ha generado su propio campo gravitatorio. Y como tienes la absurda manía de llevar ropa a la calle y sabes que si te plantas vestida de vendedora de conchas (que reconocelo, es el atuendo que has ido luciendo por estos mundos de dios durante las ultimas semanas) tu jefe, que no tiene nada desarrollado el sentido del fashion, te va a mandar de cabeza a la cola del paro, no te queda otra que volver a la nada-sana-pero-muy-efectiva dieta de proteinas que llevas haciendo intermitentemente desde que el mundo tiene memoria.

Y tu cabeza se convierte en un carrusel de preguntas del estilo de “pero vamos a ver, merece acaso la pena tanto esfuerzo?? si la navidad está a la vuelta de la esquina y me voy a comer cualquier cosa que supere las 9.000 calorias… Y además, las proteinas sin carbohidratos estan tan sosas… Como me coma otra lata de atún me voy a poner a maullar…”

Pero bueno, al final te pones a ello. Los primeros días son una cosa horrorosa como de tortura medieval, pero te anima el hecho de que Mango ha sacado unos vestidos monísimos que con las patorras que se te han puesto (qué misterioso es que dichas patorras te parecían unos miembros de lo más saludables ayer, cuando aún estabas de vacaciones…) no te van a entrar ni untada en mantequilla y utilizando un calzador. Así que nada, a echarle valor, mucho ánimo y recuerda… ya queda menos para las próximas vacaciones de verano.